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2022-11-24 17:53:07
Errar es humano. Solo se equivoca quien lo intenta. Sin errores no hay evolución. Y existen diversas razones para explicar los problemas e incluso ver el lado positivo cuando ocurren. Sin embargo, las consecuencias están ahí.
El tiempo de inactividad no planificado de la maquinaria cuesta a los 500 mayores fabricantes del mundo alrededor de 1,4 billones de dólares anuales, lo que representa alrededor del 11% de sus ingresos. Esta realidad ha impulsado a las empresas a replantearse cómo gestionan la calidad, los procesos y la mejora continua. Y es precisamente ahí donde la Gestión de la Calidad Total (TQM) cobra cada vez más relevancia.
TQM (Total Quality Management o Gestión de la Calidad Total, en español) es un concepto que se remonta a los años 60 y, desde entonces, ha ayudado a empresas de todos los sectores a afirmarse como líderes de mercado, incluso en situaciones sociales y políticas de gran incertidumbre. ¿Pero qué significa exactamente y cómo se puede implementar de manera práctica?
TQM o Total Quality Management es un método de gestión que tiene como objetivo garantizar la calidad de los productos y servicios de una empresa a lo largo de toda la cadena de valor. Hasta que se entrega el producto final al cliente, hay muchas etapas en un proceso que puede ser largo y complejo, desde el pedido de materias primas, la producción, la inspección o la entrega.
Cualquier error cometido durante todo el proceso puede comprometer la calidad del producto y la experiencia del cliente con la marca. Esto significa que todos los departamentos tienen influencia en el producto final, no solo el área de producción.
Esta es la esencia del sistema TQM: priorizar la calidad a lo largo de todo el proceso, end-to-end. De este modo, va más allá del control de producción y engloba una gestión más amplia de personas y empresas, coordinando a todas las personas implicadas, incluidos los proveedores, y llevándolos hacia la excelencia.
Coca-Cola es una gran defensora de esta práctica, habiendo implementado un exhaustivo programa de Gestión de Calidad Total (TQM). El agua, el gas e incluso el azúcar que se utilizan en la producción de bebidas son testados para garantizar que se cumplan los estándares de productividad (así como los de seguridad). El proceso de embotellado también está optimizado con la esterilización automática de las botellas a altas temperaturas, con la ayuda de agentes de limpieza especialmente diseñados.
Cuando se implementa de forma consistente, el enfoque TQM ayuda a crear procesos más sólidos, clientes más satisfechos y empresas más resilientes a largo plazo.
En esencia, el TQM se centra en la experiencia del cliente. Al recopilar continuamente feedback, perfeccionar los procesos y mejorar la consistencia, las empresas están mejor preparadas para satisfacer (e incluso superar) las expectativas de los clientes. El resultado es una mayor confianza, relaciones más sólidas y una mayor fidelización a largo plazo.
El modelo TQM anima a las empresas a analizar detenidamente los flujos de trabajo, identificar ineficiencias y eliminar pasos innecesarios. Esto suele traducirse en menos retrasos, menos desperdicio, menos costes y operaciones diarias más fluidas.
Aquí las personas desempeñan un papel fundamental. Se anima a los empleados a participar en la toma de decisiones, compartir ideas y contribuir a las mejoras en toda la empresa. Esto crea un mayor sentido de pertenencia y colaboración, a la vez que ayuda a los equipos a sentirse más conectados con los objetivos de la empresa.
Las empresas que adoptan la mejora continua son, naturalmente, más adaptables. El TQM ayuda a las empresas a responder con mayor rapidez a los cambios del mercado, a la evolución de las expectativas de los clientes y a los desafíos operativos. Con el tiempo, esta capacidad de mejora continua se convierte en una importante ventaja competitiva.
No existe una fórmula mágica para implementar el TQM en todas las empresas. Cada enfoque y sistema es único, pero existen algunos principios generales que sirven como guía.
El concepto de calidad no se limita a la calidad de los materiales y acabados. Un producto es bueno si satisface al cliente y supera las expectativas, si soluciona un problema, si es fácil de usar y si proporciona una experiencia tan buena que haga al cliente repetir y recomendar. Además, la calidad debe ser cuantificada.
La única manera de que una empresa sepa si está satisfaciendo al cliente es... preguntando. Por lo tanto, es importante crear procesos estructurados para pedir feedback a los clientes, con el objetivo de identificar qué es importante para ellos y usarlo como guía en la estrategia. No supongas, pregunta y hazlo regularmente. Lo que es importante para los clientes de hoy puede no serlo mañana.
Con base en el feedback recibido de los clientes, desarrolla un plan de mejora. Este plan debe ser tan eficaz como realista, con objetivos concretos y debidamente asignado a un responsable. Es importante dar algún margen de tiempo para que los clientes noten los cambios.
Pide de nuevo feedback a tus clientes para verificar que el plan de mejora está funcionando. Las necesidades y expectativas cambian con el tiempo, por lo que es importante estar permanentemente en sintonía con los deseos del cliente, para poder superarlos.
Producción, mantenimiento, inspección, logística. Estos departamentos suelen operar de forma aislada en cualquier empresa. La Gestión de la Calidad Total (TQM) ofrece un enfoque diferente, organizado por procesos en vez de departamentos. Es decir, si una empresa produce varias familias de productos, cada familia sería una unidad de gestión autónoma, con las distintas funciones necesarias para entregar estos productos con calidad.
Es una cuestión de responsabilidad: cuando la calidad final tiene un único responsable, con autonomía para realizar cambios en el proceso de principio a fin, existe mayor presión para garantizar el resultado esperado.
Es una tendencia común. Ocurre un problema, la línea de producción se detiene, pero el tiempo no, y la resolución del problema pasa a ser secundaria debido a la necesidad de reanudar la producción cuanto antes. Como consecuencia, la raíz del problema nunca se identifica y no se resuelve correctamente, lo que hace que el problema reaparezca.
Uno de los principios fundamentales del TQM es que los operadores pueden detener la línea de producción todo el tiempo que sea necesario para identificar el motivo del fallo y resolver el problema, o pedir ayuda. Sí, el coste es alto en el momento, pero a largo plazo se minimiza el número de interrupciones.
Según esta metodología, cada error esconde oportunidades de mejora. Por lo tanto, los errores deben ser analizados y estudiados cuidadosamente, y las personas que los detectan (y los cometen), deben ser llamadas a participar en la solución, en lugar de ser reprendidas. “Culpa al proceso, no a la persona”, investiga los puntos del proceso que pueden causar errores o problemas, y crea una cultura en la que esté bien informar y compartir los problemas.
El TQM debe integrarse en la mentalidad de la empresa. Esto solo se logra cuando los empleados comprenden cómo su trabajo influye en la experiencia del cliente, ya sea en la planta de producción, atención al cliente, finanzas o logística.
Anima a los equipos a aportar ideas, cuestionar rutinas ineficientes y sugerir mejoras sin que la burocracia lo ralentice. Quienes están más cerca del trabajo suelen detectar problemas y oportunidades mucho antes que la dirección. Cuando los empleados se sienten escuchados y valorados, la calidad se convierte en una responsabilidad compartida.
Si quieres mejorar la calidad de forma constante, necesitas ver lo que ocurre realmente en todos los procesos. Esto implica realizar un seguimiento de los indicadores de rendimiento, identificar problemas recurrentes y medir el impacto de las mejoras a largo plazo.
¿Qué procesos generan más retrasos? ¿Dónde se producen los defectos con mayor frecuencia? ¿Qué quejas de los clientes se repiten constantemente? Los datos ayudan a las empresas a avanzar hacia la mejora proactiva, y es ahí donde el TQM se vuelve realmente poderoso.
Uno de los mayores errores es pensar en el TQM como una iniciativa puntual. En realidad, es un compromiso continuo para mejorar productos, servicios, procesos y la experiencia del cliente a lo largo del tiempo.
Los mercados evolucionan. Las expectativas de los clientes cambian. Las tecnologías cambian. Las empresas que consideran la calidad como un objetivo estático terminan quedándose atrás. Las empresas que triunfan son aquellas que se cuestionan constantemente cómo se pueden hacer las cosas mejor, más rápido, de forma más inteligente y más eficiente.
A veces, las mejoras serán revolucionarias. Con mayor frecuencia, serán pequeños ajustes que se acumulan con el tiempo. Pero ese es precisamente el punto: la mejora continua rara vez implica una reinvención radical. Se trata de construir una cultura donde el progreso nunca se detiene.
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más frecuentes sobre la Gestión de Calidad Total (TQM).
En absoluto. Si bien este enfoque suele asociarse con grandes fabricantes, sus principios pueden ser aplicados en empresas de cualquier tamaño. De hecho, las empresas más pequeñas suelen tener ventaja, ya que la comunicación fluye más rápido y los cambios se pueden implementar con mayor celeridad. Cualquier empresa que desee mejorar la consistencia y la satisfacción del cliente puede beneficiarse del TQM.
El TQM es una estrategia a largo plazo, no una solución rápida. Algunas mejoras, como la reducción de residuos o la disminución de errores operativos, pueden hacerse visibles en pocos meses. Sin embargo, los cambios culturales más profundos, como una mayor colaboración, responsabilidad y mejora continua, suelen tardar más en consolidarse. Las empresas que obtienen mayor valor suelen ser las que mantienen su compromiso a largo plazo.
El TQM es especialmente valioso en sectores donde la consistencia, la seguridad y el cumplimiento normativo son fundamentales. El sector retail, la industria alimentaria, farmacéutica, automotriz, logística o el sector sanitario son algunas de las áreas donde se aplica con mayor frecuencia la Gestión de Calidad Total (TQM). Sin embargo, la metodología es lo suficientemente flexible como para adaptarse también a las empresas de servicios, en particular a aquellas centradas en la experiencia del cliente y la eficiencia operativa.
Invertir en un sistema TQM puede ser un desafío, pero a medio y largo plazo, coloca a las empresas en un nivel competitivo más alto. Para ello, es importante contar con el equipamiento adecuado, inspirado en la misma filosofía de gestión de calidad.
En el caso del lavado industrial, cuenta con MultiWasher, la solución tecnológicamente más avanzada para la limpieza de cualquier tipo de utensilio, utilizada por empresas de todo el mundo pioneras en la gestión de calidad. MultiWasher ofrece un alto rendimiento que eleva la calidad del lavado industrial. Esto es especialmente importante para las empresas donde el éxito del lavado es un factor crítico de éxito, como en la industria alimentaria o en el sector hospitalario.
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